Pavonado

La aleación de cobre y zinc, denominada latón, es empleada con mucha frecuencia en modelismo. Muy fácil de trabajar con sierras, limas, lijas, fresas, brocas y también muy sencillo de soldar. Sin embargo muchos modelistas desconocen la técnica del pavonado, de sencilla aplicación y excelentes resultados posteriores.

El latón se puede encontrar comercializado en planchas de muy diversos espesores, dureza y superficie; en perfiles con forma, entre otras, de «H», «L», «T», «U», y en tubos cuadrados y redondos, desde casi capilares hasta diámetros más que suficientes para trabajar en escalas grandes. Una de las ventajas es ésta precisamente: podremos hacer calderas a partir de los tubos de diámetros comerciales sin apenas trabajo; y en las calderas estriba la mayor dificultad para el modelista aficionado al vapor.

Pero existe otra dificultad al trabajar con el latón: el pintado. Para solucionar el problema uno de los mejores métodos es el pavonado. De esta manera conseguimos que la pintura se adhiera mejor (en ese sentido es una especie de imprimación), y que cuando inevitablemente por alguna parte se raye, debajo de la pintura surja a la luz no el antinatural color dorado del metal, si no una superficie negra.

El pavonado es una reacción química que se produce en la superficie del metal pero que no varía sus características de ningún tipo, es decir, la superficie tratada sigue siendo conductora, si bien para soldar es preciso raspar y descubrir de nuevo el latón dorado. Aspecto éste que también nos permite posibilidades como pavonar toda una caldera y después descubrir sus cinchas.

Pavonar es muy sencillo, basta sumergir unos minutos la pieza elegida, lavarla en abundante agua después y ya está. El líquido en el que introduciremos el latón es una solución de CARBONATO CÚPRICO Y AMONIACO en proporción aproximada del 5%. Y hasta en ésto es sencillo el método, pues no importa el virtuosismo a la hora de hacer las mezclas. Si nos hemos excedido en el carbonato cúprico éste precipitará e irá al fondo del recipiente (es aconsejable que sea de cristal y con buen cierre)

El tiempo de inmersión dependerá de la temperatura ambiente, de las veces que se haya utilizado la disolución, de la limpieza del latón… Aspecto muy importante éste de la limpieza, pues simples manchas de grasa impedirán el proceso o lo difuminarán en manchas más o menos oscuras.

Un lavado posterior es esencial para dejar nuestro modelo sin restos de la solución, que se manifestaría como «cardenillo» en las zonas mal lavadas. El mejor método es la inmersión en agua con detergente, cepillado dentro de ella y posterior aclarado bajo el grifo.

Los inconvenientes nacen esencialmente del olor a amoniaco, que de todas maneras menguará con el tiempo mucho antes de que la solución pierda sus propiedades, su enorme capacidad para manchar los tejidos allá donde caiga (si ensuciamos así una camisa no hay detergente que le devuelva la blancura), cierta toxicidad (evidentemente no se debe ingerir ni dejar cerca de los niños) y evitar la inmersión de piezas muy pequeñas que resultarán quebradizas tras el tratamiento.

Las ventajas: mucho mejor adherencia de la pintura y necesita menos capas, sobre todo en negro (color básico en las locomotoras de vapor); disimular las rayas en ésta; permitir dejar los bajos sin pintura y con un «color metálico» absolutamente natural; facilitar el trabajo de elementos que son dados a manipular mucho antes de dar por terminado el trabajo, caso de los bastidores y mostrar defectos antes del acabado definitivo (allí donde haya manchas de pegamento, gotas de soldadura, porquerías adheridas, etc… no ennegrece).

Mariano Gómez Parrondo (Socio CIFVM)

Artículo aparecido en la revista Maquetren 10.

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